PERSECUCIÓN

Corrió tan ligero como le permitieron sus piernas.

Ya casi sin aire, se detuvo apenas, y miró por sobre su hombro derecho.

¡Tres hombres corrían hacia él con claras intenciones de cortarle el paso!

Reanudó su carrera con una resolución desesperada. Con la boca totalmente abierta trataba de tomar aire, pero los pulmones se negaban a llenarse.

Para colmo, una molesta punzada nació en su costado izquierdo.

¡Ya los tipos estaban sobre él!

Desesperadamente y con las últimas energías, pegó un puntapié al tiempo que caía sobre el césped, perdiendo totalmente la verticalidad.

Se tomó la cabeza con ambas manos y exclamó, amargado:

¡Cómo erré ese gol!

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LUIS RODRÍGUEZ.

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