Animalandia

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Esta fábula es especial. Fue creada a pedido de mi esposa (maestra) para quinto año de escuela, pero tiene su gracia y una moraleja cierta.

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Aquel día, en el entorno de la selva, se desplegaba una actividad inusual.

Se trataba del millonésimo congreso de la sociedad animal, en el que mediante un previo pacto de no agresión, se exponían  todos los problemas que surgían de esa problemática convivencia.

_Mis vecinos no se dan conmigo -protestó el león-.  ¿Es qué piensan que me los voy a comer a todos?

_Cría fama y échate a dormir -opinó la cebra-. Además esa melena desordenada te da mal aspecto.

_¿Estás rayada? -intervino el burro, que en carácter de embajador se encontraba en la reunión-. ¿No sabes que la melena despeinada es característica del rey.

_¡Eres un burro! -catalogó el venado-.  El señor felino siempre lució así.

_¡Guampudo! -espetó la enorme anaconda-. ¡Adulón del león!

_Pero no arrastrada -masculló el venado, aprovechando la protección de la amnistía.

_Tengan paz -imploró la paloma, en su eterna e inútil súplica-. Esta reunión es para solucionar, no para complicar más la situación.

_Si entre nosotros peleamos nos devoran los de afuera -aportó el martín pescador, con su lógica de hierro.

La jirafa movió la cabeza afirmativamente en su típico mutismo, escribiendo con una pata en la tierra:

_Lo mejor es tirar propuestas sin perder más tiempo. Yo propongo abolir las prácticas carnívoras.

Estas palabras hicieron que la hiena  lanzara una carcajada irónica, y el león rugiera divertido.

_Por mi no hay problema -concordó la tortuga, hablando muy lentamente para hacer honor a su especie.

No me gustan las muertes, es más, el último velorio de una tortuga fue hace como setenta años.

_¡No estoy de acuerdo! -protestó el buitre-. Muerte y comida son sinónimos. Pero nosotros no matamos a nadie.

_¡Bicho asqueroso! -bramó el tigre, que hasta ese momento se había mantenido callado, pero que ante la alusión directa del buitre, se había puesto como un tigre de enojado.

_Me parece -opinó la lechuza, desde una alta rama y girando la cabeza lentamente mientras hablaba, logrando abarcar su numerosa audiencia, que nunca nos vamos a poner de acuerdo porque todos pensamos distinto. Es más, somos distintos.

Pero si les sirve de consuelo, no somos los únicos. Lejos, más allá de los grandes árboles, hay otra selva muy distinta, y sus habitantes tampoco se ponen de acuerdo en nada.

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

 


 

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20 comentarios en “Animalandia

  1. Lina_Nefelibata

    Muy entretenida la fábula, me ha gustado mucho. Viene a definir la incapacidad humana para entenderse, que es mucho peor que la de estos simpáticos animales. Un abrazo.

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  2. Demasiado egoísmo; siempre pensando en nosotros primero sin ponernos en los zapatos de los demás. Así es muy complicado lograr acuerdos. Situación fácil de entender en la vida de los animales, pero ¿y nosotros? ¿No se se supone que pensamos?
    ¡Muy buena fábula! Muy didáctica. ¡Qué suerte la de tu mujer con un “escritor de cabecera”! De acuerdo con sus objetivos va el pedido, y ¡ya está!
    Un abrazo, Luis!

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