Amor y soledad

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Secundino Viera estaba solo.

Con sus setenta y ocho años a cuestas, lucía cansado, descuidado en su apariencia, con barba de varios días y ropas desgastadas.

Parado en la puerta de su ranchito de adobe, que cada día se convertía más en tapera, entre el pasto ganando terreno metro a metro , miraba sin mirar, con la vista fija en la verde lejanía.

Porque eso es lo que había, solo campo en derredor hasta donde llegaba su vista, rompiendo la monotonía algún árbol más alto que otro.

Una chispa de sol brilló en su mano derecha, delatando un viejo revólver 38 &, tan descuidado como su dueño.

Pensó en tiempos mejores…

……………………………………………………..

Corría el año 1928.

Secundino, joven veinteañero, se casaba con Anastasia Díaz, hija de un capataz de campo.

Tenía una pequeña chacra, perdida en la inmensidad de los campos de Tacuarembó.

Y hacia allí fueron, con un equipaje de esperanzas más grande que el de pertenencias.

Desde el principio sabían que no iba a ser fácil. Fueron años de lucha, recompensados por la simple alegría que da el amor. Eran compañeros y pareja, todo en uno.

Solo nubló sus corazones al enterarse por un médico, en una consulta casual, que no podrían tener hijos.

Regresaron en silencio, y aún no creyéndolo del todo, lo fueron asumiendo.

El tiempo pasó. Ella contrajo una afección cardíaca que empeoraba cada día más, hasta que una fatídica mañana ya no despertó.

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De esto hacia apenas un mes. Treinta días de soledad.

Puso el revólver en su cabeza. Pensó en lo que dirían. Se imaginó los comentarios en el pueblo como:

_Estaba chocho. La vejez lo enloqueció.

Nadie hablaría de amor y soledad.

Apretó lentamente… Pensó:

_¡Voy contigo! Sintió como un golpe y un reflejo blanco y rojo inundó su mente.  Después fue la nada.

¡Había ido a su encuentro!

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

 

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13 comentarios en “Amor y soledad

  1. ¡Precioso relato, Luis! Para una pareja con tantos años de mutua compañía, la desaparición de cualquiera de los dos provoca una hecatombe, y aunque se tenga la certeza de que algún día sucederá, es imposible estar preparado para soportarlo. Especialmente, en este caso donde no hubo hijos que pudieren ayudar a sobrellevar tanto dolor y soledad.
    ¡Excelente narración, Luis!
    ¡Un abrazo!

    Le gusta a 1 persona

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