Orgullo y miseria

 

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Estela tenía un físico agraciado a sus diecinueve años.

Rubia , de ojos claros y cuerpo perfecto, era la mimada de la familia.

Nunca se preocupó de las tareas domésticas, sus padres tenían empleadas para eso.

La noche y sus múltiples diversiones eran su vida. No estudiaba ni necesitaba trabajar.

¿Para qué? Su padre, gerente de una gran empresa, aportaba todo el capital para vivir sobradamente bien.

Muy pronto conoció un muchacho de similar clase social, dueño de una fábrica.

Al poco tiempo se casó con él. Todo marchaba bien, pues llevaba una vida cómoda, similar a la anterior.

Pero como la felicidad no es eterna, a los cinco años sus padres fallecieron en un accidente de tránsito. Y para colmo los acreedores se quedaron con todos sus bienes.

Estela no tenía idea que su padre había acumulado una deuda de juego muy elevada, y tenía muchas cuentas.

¡Menos mal ella estaba casada y su futuro asegurado!

Pasaron veinte años. Ya tenía cuarenta y cuatro y treinta kilos más.

Hacía como un año que engañaba a su marido con un socio minoritario.

Esperaba que éste se fuera a trabajar y llamaba a su amante.

Pero un día su marido llegó más temprano y los encontró en la cama.

Por suerte era un hombre tranquilo. Se limitó a echar a su empleado y a su esposa le dijo que no la quería ver más.

Ella suplicó y lloró, pero él no se conmovió lo más mínimo.

Tuvo que dejar todo y salir con un poco de ropa. Los abogados se encargarían del resto.

Las tarjetas fueron bloqueadas enseguida. Solo le quedaba un poco de dinero, pero de todas formas se alojó en un hotel cuatro estrellas. No estaba acostumbrada a menos.

Pronto se dio cuenta de que si mantenía ese nivel pronto se quedaría sin efectivo, y no sabía hacer nada. ¿Dónde tomarían una veterana inútil?

Se mudó a una pensión mucho más humilde. Sería temporal, hasta que saliera la sentencia de divorcio.

Pero cuando averiguó se enteró, con gran amargura, de que por infidelidad no le correspondía nada. Su propio amante la traicionó, prestándose como testigo para no perder el trabajo.

Lloró desconsoladamente…

Un año después una mujer en harapos, ya con muchas canas que no tapaban ninguna tinta, revolvía la basura de un contenedor.

Era Estela, pero nadie la reconocería.

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

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16 comentarios en “Orgullo y miseria

  1. meatovmearov

    Seguramente, pero creo que hay instantes que quedan impresos en la memoria de tal forma que van evolucionando y adaptándose, representan un continuo en el comportamiento, ves que existen ciertas aves que al morir su pareja ellas mueren también. Eso será para siempre. buenas noches, un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

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