EL NEGRO

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Corría el invierno del año 1810. El pobre negro, encadenado en un ranchito de lata, que ni siquiera tenía puerta, sufría el frío y el fuerte viento helado que azotaba su cuerpo.

Su patrón le daba las sobras de comida, y eso cuando se acordaba, por lo que el hambre siempre estaba presente y se le notaban las costillas.

La vida para él no tenía sentido, ya que no tenía ni siquiera una compañera que lo conformara con su presencia.

De repente sintió un punzante dolor en el pecho y le costó respirar cada vez más.

Quiso gritar, buscar ayuda, pero solo le salió un gemido apagado que se perdió en la helada madrugada.

De repente, en su muda desesperación, comprendió que moría; pero todo daba igual.

De todas formas hubiera querido no sufrir, terminar esa tortura casi sin darse cuenta.

En su analfabetismo casi no conocía el concepto de muerte, pero su instinto le decía que allí terminaba todo.

Se fue durmiendo lentamente…

Ya casi no sentía nada.

Al amanecer, poco después de la salida del pálido sol, su patrón encontró a su perro ya frío, con la cadena tirante, en un vano y último intento de escapar a la muerte.

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

 

 

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