La carta

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Andrés Peralta iba tranquilamente caminando por la acera en un solitario paseo.

Se había divorciado hacía ya bastante tiempo y se sentía solo.

Y para mayor mal, los gastos que antes eran compartidos ahora los tenía que enfrentar él, y no le alcanzaba. A veces hasta pasaba hambre.

De repente, mientras se hallaba sumido en sus pensamientos un papel fue a dar contra sus pies llevado por el viento. Lo levantó con curiosidad y leyó:

” 26 de abril. Estoy sola. Muy sola y triste.

La gente me considera bastante bonita ya que soy rubia, de ojos marrones y tengo buen cuerpo.

Soy secretaria ejecutiva en una oficina céntrica.

Tiro este papel al aire, ya que creo en el destino, y de repente alguien en mi misma condición lo encuentra.

No quiero aventuras. Solo una pareja estable.

Voy a estar en el día de hoy en la plaza Independencia, justo al frente de la estatua a las seis en punto. Si eres mi alma gemela y el destino nos une, ven a buscarme.

Me llamo Patricia”.

Andrés sacó su celular y miró la hora. Eran las cuatro del mismo día. Tiempo suficiente para arreglarse un poco y afeitarse.

Así lo hizo, aunque tenía dudas de que fuera una broma, un travesti o una trampa para robarlo.

Pero no podía desaprovechar esa oportunidad.

Cinco minutos antes de las seis estaba en el lugar. Esperó un rato y nadie aparecía. La gente pasaba a su lado mirándolo distraídamente.

Luego de una hora, convencido de que todo había sido una broma, sacó nuevamente el papel.

Esta vez notó un detalle del que antes, en su ansiedad no se había percatado. La carta estaba algo amarilla.

La leyó de nuevo, esta vez con más cuidado y la desdobló completamente, cosa que antes no había hecho, pues pensaba que terminaba ahí.

Pero para su desgracia leyó:

“26 de abril de 1954”

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LUIS RODRÍGUEZ