La felicidad etérea

Desde que nacemos los sueños forman parte de nuestra vida.

Basta ver, si no, jugar a cualquier niño.

Inmerso en un mundo de fantasía, construye y destruye universos, a veces imposibles, que desafían las leyes físicas.

Ya adolescente, mixtura aquella imaginación desbordante con un nuevo ingrediente, la esperanza.

Y ésta ya no lo abandonará jamás.

Por más golpes que le dé la vida siempre habrá espacio, aunque se declare públicamente pesimista, para un “de repente más adelante”.

Pero la felicidad siempre fue o será, nunca es.

¿Se trata de un espejismo? Bienvenido sea, ya que es el combustible que nos impulsa hacia el futuro.

Abortados los sueños, se desangran en la realidad, y el conformismo los devora con cubiertos de ansiedad.


LUIS RODRÍGUEZ

Mostrar pastillas

Si lo nombras…úsalo. En literatura, sea cuento o novela, está lo que se llama “El arma de chéjov”. Esto consiste en que si se muestra algo debe de usarse o tener un fin.
Si dices que Juan tiene un revólver arriba del armario no puedes olvidarlo después como si no existiera.
O si nombra una carta comprometedora que tiene en su poder, el lector tarde o temprano debe saber en qué consiste o para que la quiere usar.
De lo contrario estáis causando falsas espectativas al lector.
Distinto es si dicho objeto es para hacer resaltar la época en que transcurre la acción o alguna costumbre del protagonista.
De lo contrario será como una estafa a las espectativas del que está leyendo. Y ten la seguridad de que lo sentirá así, como que falta algo.
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LUIS RODRÍGUEZ

¡Víctima!

El gato se encontraba solo y tranquilo en la casa. Recorría con parsimonia y en el silencio característico de los felinos, todos los rincones. De repente sintió un aleteo seguido de un ¡priiii! Miró hacia arriba y lo que vio alertó sus sentidos. Un ave (se trataba de un loro) se hamacaba en el típico aro y con una pequeña cadena en su pata derecha. El gato ya había sido castigado y corrido varias veces por intentar trepar o saltar. Pero esta vez no había nadie… Miró de nuevo, esta vez más intensamente y resuelto. El loro lo notó, sobre todo por instinto, y un temblor de plumas sacudió su cuerpo. De repente el felino tensó sus músculos y saltó, clavando sus filosos dientes en el cuello del indefenso animal que solo respondió con un último aletear, sabiendo que era el final. No hubo maldad en el acto, como puede haber entre seres humanos. Solo un atávico instinto de caza adquirido en la noche de los tiempos. En el suelo, como único rastro del hecho, quedaron revoloteando un puñado de plumas verdes. ——————————— Luis Rodríguez.

El más polémico…

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Mi libro más polémico. Con muchos comentarios. Los datos aportados son verídicos. Un policial distinto nominado a los “Indie” y traducido a varios idiomas. ¿Usted qué opina?