Pastillas de frases

avion volando sobre las islas del mar con vista del fondo marino

¡Hola! Aquí estamos de nuevo. Esta vez para hablar sobre frases.

Alterna las frases largas con las cortas. Todas largas o todas cortas quedan mal y aburren.

También acuérdate que existe el punto y aparte. Un almácigo de palabras no ayuda a que tu novela sea atractiva a la vista.

A veces no hay más remedio, pero te recomiendo que trates de poner punto en algunas oraciones demasiado largas, para facilitar la comprensión.

Ojo con las comas. No es lo mismo:

Melina, que ayer cumplió quince años salió hoy todo el día.

Lo correcto es:

Melina, que ayer cumplió quince años, salió hoy todo el día.

Además  queda mal repetir palabras muy cerca una de otra (por ejemplo en la misma página. Eso da impresión de pobreza de lenguaje y queda mal fonéticamente.

Para eso tienes los sinónimos, con los que se dice lo mismo con otra palabra.

Tampoco te pases para el otro lado y emplees vocablos difíciles desperdigados por toda la novela.

Conozco la anécdota de un escritor conocido que a medida que transcurrían sus escritos  empleaba palabras más raras y poco usadas.

Su editor lo consultó sobre el porqué de esto y la respuesta fue que como no quería repetir palabras en toda la novela, buscaba sustitutos poco conocidos.

Eso ya sería exagerar. No pasa nada con repetir, siempre que no estén muy juntas.

La intriga y la tensión se dan en pequeñas dosis. Pero no hagas trampa encontrando a lo último un culpable que no apareció en toda la novela.

Eso es trampa para el lector, que quedará frustrado.

Tampoco le otorgues cualidades al protagonista en el momento que las necesita.

Por ejemplo, se encuentra con tres ladrones y los derrota con sus conocimientos de Kárate.

Si antes no lo habías mencionado o el propio personaje no lo había dicho, parecerá un recurso inventado a último momento.

Por hoy es todo. Hasta la próxima.

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

 

 

 

 

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Bromas a aprendices

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En todos los oficios existen las típicas bromas (algunas pesadas) a aprendices en algún trabajo.

En los albañiles el clásico martillo de tres golpes, clavos de goma y otras; que también son usadas por los carpinteros.

Hasta en la carrera militar o policial, de apariencia tan formal, se solicita a los novatos, cuando llueve, ir a pedirle al jefe algo para tapar el busto del héroe nacional situado en la “Plaza de armas”.

A veces algún veterano elige una víctima para que concurra a la oficina del comisario a solicitarle el revólver de éste prestado, para un procedimiento.

Los panaderos no podían ser ajenos a esta costumbre. Abundan las anécdotas  y hay varios clásicos.

__¡Apriétalo que así quema menos!  __le recomiendan los maestros de pala al sufriente aprendiz que trata de acomodar el pan recién sacado del horno en las largas tablas llamadas barcas.

O mandarle pedir la llave de aquél al patrón, haciendo expresivos gestos de no poder abrirlo.

Como éstas hay muchas, pero la que nos ocupa hoy es particularmente graciosa y rigurosamente verídica. Es más, se ha usado muchas veces.

Hace unos años atrás, Carlitos, un aprendiz en su primer día de trabajo, recibió la orden del maestro de pedir la piedra de afilar rasquetas en otra panadería situada a veinte minutos de esa. (Las rasquetas no se afilan).

Allá fue el pobre muchacho, extremadamente delgado, caminando la larga distancia de una panadería a la otra.

Al llegar e informar lo que le habían pedido, vio una leve sonrisa y miradas cómplices en los panaderos, pero no les dio importancia.

Lo invitaron a pasar al fondo donde le mostraron una piedra bastante pesada y grande.

Éste, que esperaba algo mucho mas pequeño se angustió pensando en la fuerza que tendría que hacer para llevar dicha mole.

Le dieron una gruesa bolsa y lo ayudaron a meter la piedra en ella.

El chico partió casi arrastrando dicho peso, parando cada tanto bañado en transpiración.

Al fin, luego de largo rato, llegó a su lugar de trabajo; cansado pero orgulloso de haber podido cumplir su tarea.

Uno de los panaderos le dio dos o tres pasadas, sin mucho énfasis, a la rasqueta contra la piedra.

Luego pronunció las terribles palabras:

__Ahora hay que devolverla, porque la pueden necesitar.

El desgraciado aprendiz abrió los ojos muy grandes al oír esto. A punto estuvo de renunciar. Pero pensó en que sus padres dirían que era un inútil. Por lo tanto, luego de sentarse unos momentos extenuado, reemprendió la marcha con la pesada piedra.

Cuando ya estaba a prudente distancia, los panaderos rompieron a reír estrepitosamente, ya sin poder aguantarse.

Aquí, en Uruguay, a eso se le llama derecho de piso.

¡Pero que difíciles resultan algunos comienzos!

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

 

 

Pastillas de tensión

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Cuando creas una historia, hay un principal ingrediente que tienes que cuidar: la tensión.

Si el lector permanece en tensión seguirá leyendo para ver qué pasará.

A tus personajes no tienen que resultarle las cosas fáciles. Al contrario, tienes que crearle problemas. Si todo le sale bien, no hay conflicto.

Ese personaje tiene que tener una meta, algo por que luchar y que no le resulte fácil.

Que surjan problemas que no se esperaban y compliquen al protagonista o sus acompañantes.

Si se termina un problema tiene que surgir otro, de lo contrario el lector se aburrirá. Tienes que mantenerlo curioso, preguntándose que sucederá a continuación.

Algunos de los protagonistas deben de vencer el miedo, porque al fin y al cabo son “humanos”.

Si es todopoderoso y no le pasa nada, ni tiene ninguna duda, el lector no lo verá como una persona real y no simpatizará con el. Y por lo tanto no le importará lo que le pase, ya que todo lo soluciona sin despeinarse.

En cualquier novela, sea del género que sea debes poner a tu personaje entre la espada y la pared, y que se pregunten: ¿Y ahora cómo saldrá de esto?

El mundo no es perfecto, la gente discute y no se pone de acuerdo fácilmente. Si todos están de acuerdo es lindo en la vida real, pero aburrido en la novela.

Por eso no le pongas las cosas fáciles y no resuelvas demasiado pronto y fácilmente los conflictos.

La vida es difícil, y en las historias tiene que ser más difícil.

Por hoy es todo.

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

 

Las parejas de antes

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Según contaban mis abuelos, ser novios en el siglo pasado era muy complicado.

La presentación del novio a los padres de su novia era muy formal. El pobre muchacho tenía que cuidar su aspecto al máximo. Traje, corbata y zapatos bien lustrados.

La primera y complicada pregunta era:

__¿Con qué cuenta usted para mantener a mi hija?

En un muchacho joven, que recién estaba iniciando su vida, era una interrogante algo difícil.

Después continuaban otras preguntas, como si tenía intenciones serias y algunas más complicadas.

Si resultaba aprobado (en la mayoría de los casos no lo era) se fijaban los días de visita; martes jueves y sábado de seis a ocho, en la mayoría de los casos.

Pero siempre dentro de la casa, en el zaguán, y si ella tenía un hermano chico lo hacían sentar en medio de la pareja.

Con el tiempo se les permitía ir al cine, pero siempre acompañados.

Contaba mi abuelo que una vez una hija suya estaba en el sillón con el galán y un hermano de diez años en el medio.

Pero hecha la ley hecha la trampa.

El chico le dio unas monedas al niño para que fuera a comprar caramelos. Entonces, cuando este salió aprovechó para besar a su hija, según se enterarían después sus padres.

Pero la trampa se descubrió al notar el padre un bulto en los pantalones de su hijo.

Se trataba de caramelos, y por supuesto que se le realizó un exhaustivo interrogatorio.

Cuando éste confesó no se libró de la paliza.

En cuanto al novio, nunca más pudo entrar a la casa por abusar de la confianza de la familia.

Esto es todo verdad.

Los tiempos han cambiado algo. ¿No les parece?

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

 

Terapia sexual

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La pareja se encontraba en el consultorio del experto en problemas conyugales esperando que los atendieran.

Se trataba de Antonio, un hombre muy delgado y bajo (por no decir petizo). Tenía amplias ojeras y un estado desmejorado.

Su esposa Rosa, en cambio, presentaba mejillas rozagantes, alta y con el cuerpo muy bien formado.

Los dos andarían por los treinta años, aunque él parecía tener diez años más.

Estaban sentados uno al lado del otro, pero sin tomarse de la mano.

En seguida apareció el profesional, un señor alto y robusto que de inmediato se presentó:

__Buenos días. Soy el doctor Ramiro Vélez, terapeuta especializado en problemas de pareja. ¿En qué los puedo ayudar?

Antonio contestó tímidamente:

__Tenemos problemas… de convivencia.

__Por eso están aquí. Pero sea más específico, para poder ayudarlos.

__Es que yo… __continuó el marido__ le hago el amor una vez a la semana. Y ella quiere más. Yo vengo cansado del trabajo…

__¡Yo quiero todos los días! __habló Rosa__. Hace tres meses que nos casamos y cada vez es menos. ¡Soy una mujer fogosa y tengo mis necesidades!

__Está bien __concedió el terapeuta, con gran calma. Creo que sé como puedo ayudarlos. Pero me parece que van a necesitar varias secciones.

Acuéstese en la camilla.

__¿Yo? __dijo el marido.

__No, ella __aclaró Ramiro__ Usted espere afuera, en la sala de espera, que yo tengo que hablar con ella.

Y el pobre desgraciado esperó largo rato…

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

 

Pastillas varias

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Siempre es conveniente mostrar y no contar. En vez de decir:”se enojó” queda mejor mostrarlo: “Apretó los puños y se puso tenso” o “Pegó con el puño cerrado sobre la mesa”

Está mal poner: “__No lo voy a hacer __negó Mario”. O “Sí quiero __aceptó María”.

Ahí estamos agregando un inciso innecesario, repitiendo lo que el personaje ya dijo.

Si son solo dos personajes recordar, de vez en cuando, quien habla para guiar al lector en una conversación larga, pero no repetir el nombre en cada oración.

Queda bien, de vez en cuando, indicar lo que hace el personaje al hablar: “Antonio la miró a los ojos, sonrió y le dijo…”

Recuerda también que la forma de hablar del personaje refleja su cultura. No todos hablamos igual. No solo por su educación, sino también depende de la edad.

Deja en lo posible que los personajes expliquen su estado de ánimo y planes. El autor se tiene que notar lo menos posible.

Pero siempre trata, interviniendo lo menos posible, que el lector tenga todo claro.

Trata de que las descripciones no sean demasiado largas. En todo caso se pueden ir agregando detalles en el transcurso del relato.

Por hoy es todo. Gracias por la atención.

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LUIS RODRÍGUEZ.