Pastillas insistentes

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¿Quieres ser escritor?  Pues escribe mucho.

Si lo haces de vez en cuando y unas pocas cosas, estás perdido.

Persiste, resiste, insiste. Como todo oficio o afición necesitas práctica.

Si miras tus primeros trabajos con una sonrisa sobradora, entonces estás progresando.

Aunque no te des cuenta, si lees y tratas de aprender, y sobre todo con práctica, tus escritos serán cada vez mejores.

Pero no trates de comenzar con un libro de quinientas páginas. Todo va de a poco.

Poesía (si te gusta), cuentos cortos y alguno que otro un poco más largo.

Después de mucha práctica, sí podrás comenzar con la novela. De lo contrario, si te apuras, quedará sin terminar guardada en algún cajón. No es tan fácil como parece. Hay que mantener el interés del lector en todos los capítulos

Y no trates de explicar lo qué es la física cuántica (a no ser que sea un tratado científico) a tus lectores que quieren solamente divertirse con una novela.

En vez de causar la impresión de inteligente los vas a aburrir. La gran mayoría de ellos quiere acción no lecciones.

No existen los malos o buenos temas, solo depende del trato que les das.

Y si no encuentras interés en tus familiares o amigos, o simplemente no les gusta sobre el tema que escribes, insiste igual, ya conocerás a personas que les guste.

A ti mismo es casi seguro que no te gusten algunos autores famosos. Pero ellos no van a cambiar de género o estilo por eso. De repente fueron criticados por sus propios familiares.

No a todo el mundo le gusta lo mismo.

Persiste y alcanzarás tus metas. pero solo si persistes…

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

Prohibidos

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Este es mi humilde homenaje a los miles de poetas de la inquisición en la Edad Media.

Muchos fueron torturados y asesinados por sospechas primitivas y supersticiosas de que había algo maléfico en sus versos.

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Escribir a escondidas, nefasto destino,

las plumas fecundas delincuentes son.

Ellos catalogan: ¡inmoral, diabólico!

y es solo poesía, alma y corazón.

 

Se paga con sangre decir sentimientos

se cobran con odio del arte mayor.

Se piensan cual dioses, ¡mal nacida escoria!

brindando al artista angustia y dolor.

 

Un erial de hojas, poetas caídos,

sus versos ausentes no se escuchan más.

Muy pocos quedamos y por siempre estamos.

¡Mientras quede uno, serán los demás!

 

Somos las tristes plumas despavoridas,

las tijeritas y el cuchillo afilado

que hemos escrito con dolor

las palabras que habéis escuchado.

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

 

 

La visita

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Era el siglo XIV en las afueras de China.

Po, un muchacho de veinte años, pastor de la corte, se encontraba en el campo cuidando su rebaño, entre montañas y en medio de la soledad.

De repente se vio cara a cara con un extraño anciano que se le apareció de la nada.

_¿Perteneces a la corte? -preguntó muy extrañado.

_De eso ya hace mucho tiempo -contestó muy lentamente el viejo-. De la corte de Tsin.

_¡Mientes! Desde que nací sirvo en esta corte y no te conozco.

_¿Te acuerdas de tu padre? _preguntó inesperadamente el anciano.

__¿Y eso qué tiene qué ver con…

_¡Contéstame! -levantó la voz el extraño.

_Lo mataron cuando yo tenía cuatro años -recordó Po, con un reflejo de tristeza en el rostro-.  Una de la tantas intrigas de la corte . Ya ni siquiera me acuerdo cómo era. ¿Usted lo conoció?

_Más de lo que imaginas. Su muerte fue una injusticia, pequeño osito. Él siempre te quiso mucho. Cierra los ojos.

_Normalmente Po desconfiaría de una orden como ésa, y difícilmente se confiaría. Pero el anciano le había llamado como recordaba que lo hacía su padre. Entonces era indudable que lo había conocido.

Además había algo en aquel extraño. Emanaba paz, familiaridad, atávicos recuerdos de tiempos idos.

Cerró los ojos.

_Abre tu mente – dijo el otro más despacio y suave. El tiempo es como un círculo. Los recuerdos hacen revivir el pasado permanentemente y lo traen al presente. Somos el resultado de lo que va pasando.

Viaja…remonta el tiempo hacia atrás. Sé niño otra vez.

La última vez que viste a tu padre, moribundo, con el poco aliento que le quedaba te dijo:

_Nos veremos, pequeño osito. ¡Te prometo que nos veremos nuevamente! Algún día encontraré la forma.

_Entre los intrínsecos laberintos del tiempo, Po recordó vagamente esa frase. ¿Pero cómo sabía aquél extraño las últimas palabras de su padre?

Abrió los ojos entre asombrado y confuso y ya no vio al anciano en el extenso valle.

Un pájaro volaba allá a lo lejos.

Fue entonces que se encontró más solo que nunca.

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LUIS  RODRÍGUEZ.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Pastillas inesperadas

 

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¡Hola! La tensión en un cuento o novela es el ingrediente principal.

Si el lector sabe lo que vendrá le resultará aburrido.

Por lo tanto sorprende, no les des lo que esperan.

Tómate tu tiempo para revelar la verdad y siembra algunas pistas falsas para despistar.

Pero también puedes hacer que el lector sepa más que el protagonista. Así pones ansioso al que te lee y desea que el personaje principal se entere de una vez.

Que éste tenga el tiempo justo para resolver el misterio. Pero nunca se lo hagas fácil.

El “enemigo” tiene que estar a la altura del protagonista.

Es como un elástico que se estira al límite,  y no sabes en que momento se puede romper.

Que tengan que tomar decisiones extremas, trata de poner en duda sus códigos.

Si la acción decae créale otro problema. Los obstáculos debe crecer en dramatismo en cada página.

También nos queda el recurso de interrumpir una escena crucial y pasar a otra antes de volver a la misma.

Eso mantendrá en vilo al lector y querrá saber qué pasará, y por lo tanto seguirá  leyendo.

Esa es la base, NO ABURRIR, así en mayúsculas por su importancia.

Lograr que el que nos lee siga interesado hasta la última página.

Sé que no es fácil, pero somos escritores, y esa es nuestra meta; que nos lean.

Y que el final no sea exactamente lo que esperan.

Esos son los requisitos para una buen cuento o novela.

De ti depende…

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LUIS RODRÍGUEZ.

 

Las pastillas dudosas

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¡Hola! Repasaremos algunas de las dudas más comunes en el idioma para no cometer faltas.

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Las mayúsculas se acentúan siempre que lleven tilde.

No se pone punto en el título.

El lleva tilde cuando es del verbo saber.

Él (se) fue, no lo lleva.

Yo lo (), sí lleva.

Aún, cuando equivale a todavía. (Aún) sigo enfermo.

Aun (sin tilde) cuando equivale a incluso. (Aun) enfermo pudo hacer…

Más (de cantidad) va con tilde. (Él quiso más)

Mas (sin tilde) cuando se sustituye por pero . Les ofreció quedarse, (mas) ellos no quisieron aceptar.

(afirmación) lleva tilde.  (Sí), quise hacerlo.

Si (sin tilde) cuando es conjunción. (Si) vienes te lo digo. Tampoco lo lleva la nota musical.

Ten en cuenta que tilde es la raya que  se pone sobre algunas vocales, y acento tienen todas las palabras del idioma español (siempre se acentúan en alguna sílaba).

Y como agregado una curiosidad que no tiene que ver con el tema:

¿Sabes por qué FF.AA, (Fuerzas Armadas); NN.UU (Naciones Unidas) , RR.PP (Relaciones Públicas), EE.UU (Estados Unidos)  van con iniciales dobles?

Simplemente para hacer notar que van en plural.

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LUIS RODRÍGUEZ.

Eternidad

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_¡Tenia razón Einstein! -comentó mi amigo-. Materia y energía son una sola. La materia es energía congelada, y la energía materia en estado de fluidez.

_¿Y qué tiene que ver la teoría de la relatividad con todo esto? _pregunté, algo confundido por sus palabras.

_Es simple -contestó-. Se trata del tiempo. Ese “ser” casi indomable.

¿Te habéis dado cuenta de lo mucho qué puede suceder en un instante, y lo poco en mucho tiempo?

_¿A dónde queréis  llegar con esa filosofía barata? Entender perfectamente como funciona el tiempo es imposible. Lo dijo el mismo Einstein que tú citabas.

Es como tratar de comprender cómo funciona un reloj sin abrirlo. Podéis tener una idea, pero nunca estaréis seguro de qué sea cierta.

_Escucha esto -dijo mientras tomaba un libro que se encontraba a su lado y comenzó a leer:

“La lapicera se escapó de sus manos, y mientras ésta caía, no sé por qué insondable misterio de la mente humana, me surgió la sospecha de que  era culpable.

Fue de improviso y sin proponérmelo. ¿Algún recóndito mecanismo subliminal? No sé.

Pero en el preciso momento que aquella tocó el suelo, “supe” que era culpable”.

¿Entendéis? La simple caída de una lapicera. ¡Y ésta estuvo en el aire todo lo que el escritor quiso!

Por eso escribir es perder el tiempo para ganar la eternidad. ¡Es el tan buscado secreto de la vida eterna!

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Recuerdo que en ese momento pensé que estaba quedando loco. Aún hoy no lo sé.

Ni Einstein ni mi amigo  pertenecen ya a este mundo. En apariencia su teoría de la eternidad falló.

Pero no.

Sus cuerpos se han perdido, pero ellos se encuentran en su esencia y conocimiento en estas páginas.

¿No es eso vida eterna?

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LUIS RODRÍGUEZ.